El ñandú se encontraba comiendo tranquilamente con la cabeza gacha entre los coirones, cuando desde debajo de sus enormes garras de dinosaurios, comienza a salir tierra.
Como si el suelo estuviese hirviendo, el polvo no dejaba de levantarse rápida y sostenidamente.
De pronto, se asoma una cabecita curiosa de roedor. Observa su entorno unos segundos y vuelve sin previo aviso a sus frenéticas excavaciones.
Yo contento aferrado a la cámara, procuro grabar y registrar estas interacciones, llevaba unas semanas preguntándome cómo era la relación de estos mamíferos subterráneos con los enormes ñandues.
Por lo que me habían comentado, estas aves pueden ocasionalmente consumir ratones, pese a que no sea algo habitual.
Sin embargo en esta ocasión, el ave se limitó a observar a el pequeño tuco y seguir comiendo, sin mostrar ningún cambio aparente en su comportamiento.
Dentro de la misma escena, como pueden ver en la segunda foto, el armadillo parece llamarle un poco más la atención, ya que ...
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