<< GRACIAS A LA VIEJA GUARDIA >>
Nicolás Otamendi, Ángel Di María y Lionel Messi representan a una generación de fútbolas que fue insultada, escupida, destruida por unos voceros que no entendían nada.
No entendían que llegar a una final de Copa del Mundo era más difícil que perderla en la prórroga. No entendían que llegar a dos finales de Copa América era más difícil que perderlas desde ese punto blanco rencoroso.
Lo que ocurrió ayer en Doha fue justicia divina. Y ya sabemos que allá arriba estaba Dios, con su 10 y su zurda.
De Leo no vamos a hablar. Ya está todo escrito. La felicidad que sentía ayer no se puede describir.
Hablemos de los dos tipos que lo acompañaron en todo este camino: Ota y el Fideo.
El primero nunca recibió halago alguno en su trayectoria. Un central de estatura corta y carrera larga. Se agigantó en minutos concretos en Catar y siempre le guardará al pie del Dibu Martínez gratitud eterna.
Del hijo del carbonero qué se puede decir. La Copa del Mundo le debí...
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