En la mayoría de las ocasiones, cerrar una puerta supone un gran dolor. Si tienes que abandonar a tu pareja porque ya no queda nada de lo que hubo, acabar tu relación de amistad con alguien, dejar un trabajo en el que fuiste feliz, marcharte de la ciudad en la que vives… todo ello puede provocar un gran sentimiento de tristeza.
Ahora, una vez hemos cerrado la puerta y reflexionado sobre los hechos que nos han conducido a esta situación, llega el momento de descubrir nuevas oportunidades y disfrutar del mundo que se abre ante nosotros.
Nada se acaba. Tanto si abandonas a un ser querido como si pierdes a un gran amor, tu vida no se termina. Aún te queda mucho por hacer, un gran número de puertas por abrir, aventuras de las que disfrutar, gente a la que conocer, trabajos en los que empezar, ciudades que visitar…
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