#DomingoContigo
⏳Tiempo de calidad al alcance de un dedo.
Cuando apenas tenía 6 años, solíamos visitar a mi bisabuelo Ramón en Coronado. Íbamos mi mamá, mi hermano mayor, mi abuela y yo. Esos viajes eran especiales, pero lo que más llamaba mi atención era algo muy particular: a causa de un accidente, mi bisabuelo había perdido la mitad del dedo anular de su mano derecha.
Mi curiosidad infantil no conocía la palabra discreción, así que un día me armé de valor y le pregunté directamente:
-¿Qué le pasó a su dedo? Con una sonrisa tranquila, una mirada pícara y un brillo en sus ojos, me respondió: —Se lo llevó un perro… y lo escondió en algún lugar de la casa. Necesito que me ayuden a buscarlo.
Mi hermano y yo, con la seriedad que solo tienen los niños cuando creen estar en una misión importante, emprendimos la búsqueda del dedo perdido. Buscamos por toda la casa. Aquel juego improvisado, nacido de una ocurrencia cariñosa, se convirtió en uno de los recuerdos más entrañables que tengo d...