María espera y en su silencio florece la esperanza.
Ella llevó en su vientre la promesa de Dios, confiando incluso cuando no entendía el cómo ni el cuándo. Su espera no fue pasiva: fue fe viva, oración constante y amor que se gesta en lo invisible.
Hoy, María nos enseña que esperar en Dios también es sanar, confiar y creer que los milagros están en camino.
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