Este caso no habla realmente de cobras.
Habla de incentivos mal diseñados.
La intención inicial era correcta,
pero la recompensa empujó el comportamiento
exactamente en la dirección contraria.
Cuando se paga por un resultado
sin comprender el sistema completo,
las personas optimizan…
incluso si eso empeora el problema.
Por eso el llamado “efecto cobra”
sigue estudiándose hoy
en economía, política y empresas.
Porque muchas veces no fallan las soluciones,
falla aquello que incentivan.
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