Hace tiempo dejé de compartir por compartir.
Por el algoritmo.
Por mostrar una vida bonita a desconocidos.
La mujer salvaje no vive para ser mirada.
Vive para sentirse viva.
La vida no es bonita cuando se expone.
Es bonita cuando se vive.
Con personas queridas.
O en soledad, con un libro y un café.
O caminando por el campo, escuchando su cuerpo.
Cuando se vive desde la autenticidad.
Eso es lujo interior.
Lo demás es ruido.
Y ya hay demasiado ruido en redes.
El ruido drena energía.
Y sin energía, no hay poder.
Por eso solo hablo cuando tengo algo que decir.
Hoy lo hago desde la gratitud por esta entrevista en Artículo 14, donde hablo del narcisismo desde una mirada distinta:
más compleja, más adulta, menos reduccionista.
Porque la Mujer Salvaje está cansada del discurso fácil.
Del blanco y negro.
De las narrativas donde todos son culpables y ella solo víctima.
Ha comprendido que ciertos enfoques envueltos en tonos pastel, que te hacen sentir comprendida, sostenida y calmada, si ...
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