Quizás viviste una vida de abandono.
Quizás humillaciones
O quizás, en tu caso, fuiste la niña que tuviste que encajar en una familia narcisista.
Sea como sea, cuando vivimos en ambientes que no son suficientemente buenos, con padres, madres o iguales en el colegio que nos invaden, dañan o que tenemos que “ser perfectos” o “alegres” porque así ellos están felices o calmados.
Nos hacemos expertas en leer a otros.
Y eso nos aleja de la autenticidad que merecemos.
De adultas vivimos complaciendo. Ponemos a nuestras parejas e hijos por delante. Incluso a amigas o familiares como madre, padre…
Tu marido quiere ir con sus colegas a ver el fútbol o montar en bici? Todo bien, ya te quedas tú con los niños.
Tu madre o tu suegra quiere regalarle esa ropa horrible a tus hijos que sabe que no te gusta? Te quejas, pero si insiste, cedes.
¿Por qué? Porque sigues acumulando y llevando en tu cuerpo la herida del rechazo, y no eres capaz de tolerar la angustia de tu cuerpo.
Y eso tiene soluc...
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