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El día 2 de Haute Couture fue una conversación entre dos formas de entender el lujo. Y ambas hablaron bajito. El 27 de enero, París dejó claro que la alta costura ya no necesita exagerar para ser relevante. Chanel y Armani Privé marcaron el ritmo desde extremos opuestos, pero con un mismo punto en común: personalidad. Chanel presentó una fantasía adulta y contenida. Bajo Matthieu Blazy, la maison se sintió más ligera, más íntima. Tweeds suavizados, plumas, transparencias y un escenario casi de cuento —hongos gigantes incluidos— que no buscaba nostalgia, sino emoción. Fue Chanel recordándonos que la poesía también puede ser estructura. Armani Privé cerró el día con una elegancia silenciosa que se sintió casi meditativa. El jade marcó la paleta y el estado de ánimo: superficies pulidas, siluetas limpias y un lujo que no pide atención, pero la sostiene. Quiet luxury en su versión más madura, más emocional. Entre ambos desfiles quedó claro algo: la couture de 2026 no compite por impacto in...

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