UNA ESCUELA, UN LORO, UNA COMUNIDAD
Lorenzo va a la escuela. Y no es un chiste.
Cada mañana, en La Esmeralda —un caserío rural de Puerto Carreño, Vichada—, Lorenzo llega volando al colegio.
Es un loro real, con plumas verdes brillantes y la frente amarilla. No está en jaula. No tiene dueño. Pero tiene lo más valioso: libertad… ¡y una comunidad que lo cuida!
Fue Adelina Subieta quien lo rescató siendo pichón. Pero nunca lo encerró. Nunca le cortó las alas. Lo cuidó… y respetó su libertad.
Y cuando Lorenzo creció, eligió quedarse. No porque lo ataran, sino porque lo cuidaron.
Vuela libre por el pueblo, duerme en los árboles, y cada mañana llega con los niños al colegio. Asiste a clases, se pasea por los salones y almuerza con ellos en el comedor. Ya es parte del colegio.
El profe Camilo Gómez —quien escribió esta historia para el concurso “El Espíritu de los Loros”— lo dice claro:
Lorenzo es libre gracias a su comunidad.
Allí los niños aprenden que los loros no son mascotas. Q...
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