No siempre podemos controlar lo que pasa, pero sí la forma en que lo interpretamos y respondemos. Cultivar esta habilidad transforma nuestras relaciones, decisiones y bienestar.
A diferencia del coeficiente intelectual, que apenas se modifica a lo largo de la vida, la inteligencia emocional puede cambiar. Y se puede aprender en cualquier momento de la vida.
Como es un conjunto de habilidades, y cada uno de nosotros tiene fortalezas y limitaciones, lo primero es identificar dónde necesitamos mejorar.
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