El frío tiene un efecto bacteriostático: no necesariamente mata a los microorganismos, pero reduce su actividad biológica y ralentiza los procesos metabólicos.
Esto se ve muy claro en los ciclos naturales. Durante el invierno, la actividad microbiana disminuye y la materia orgánica tiende a acumularse. Cuando llegan las temperaturas más altas, esa actividad se reactiva y los procesos de transformación vuelven a acelerarse. Algo similar ocurre con el compost, donde el desarrollo es mucho más lento en invierno y se intensifica durante el verano.
También pasa cuando hablamos de bioinsumos. La reproducción microbiana es exponencial, y muchas veces ni siquiera logramos dimensionar la velocidad con la que los microorganismos pueden colonizar y multiplicarse dentro de un medio adecuado.
Por eso, al momento de conservar estos preparados, lo recomendable es mantenerlos a la sombra y en un lugar fresco, evitando la heladera. Las temperaturas muy bajas modifican el metabolismo microbiano y pue...
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