El sistema digestivo funciona bien cuando el cuerpo está en un estado de seguridad. Si comes alimentos que te sientan bien, cubres necesidades (proteína, fibra, micronutrientes), respetas horarios razonables y comes con calma, estás reduciendo la carga sobre el intestino y favoreciendo una digestión más eficiente.
Además, una nutrición bien planteada alimenta a tu microbiota, mejora la barrera intestinal y reduce la inflamación de base. En cambio, si la alimentación es caótica, insuficiente o muy restrictiva, el intestino se vuelve más sensible y reactivo.
La actividad física también es digestión. Moverte y entrenar fuerza mejora la motilidad intestinal, ayuda a regular el estrés, mejora la sensibilidad a la insulina y reduce inflamación. Mucha gente busca soluciones “en la comida” cuando en realidad su intestino también está afectado por sedentarismo, poca masa muscular, falta de rutina y un cuerpo que vive en modo tensión. Un intestino lento y un cuerpo cansado suelen ir de la mano...
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