Hay un error muy frecuente en medicina: aplicar a las personas mayores las mismas recomendaciones que a personas jóvenes o de mediana edad.
Y esto puede tener consecuencias importantes.
Porque en geriatría no solo importa la edad. Importa el grado de robustez, la autonomía, la función física, la cognición y la fragilidad.
Y cuanto más frágil es una persona, más hay que individualizar objetivos como la tensión arterial, la glucosa, el colesterol o incluso el peso.
Por eso la valoración geriátrica integral es clave. Porque permite saber qué recomendaciones tienen sentido en esa persona concreta y cuáles pueden hacer más daño que beneficio.
Esta semana voy a poner ejemplos para que se vea con claridad.
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Dra. Paola Ríos Germán
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