Octavio Paz condensa en esta frase una verdad esencial: la vida no está hecha de recuerdos ni de promesas, sino de este instante frágil e irrepetible que ocurre ahora mismo. Todo lo que alguna vez fue o será, solo puede experimentarse en el presente.
Gran parte de nuestro malestar nace de vivir lejos del ahora: atrapados en la nostalgia, en la culpa o en la ansiedad por lo que vendrá. Cuando la mente se ausenta del presente, la vida continúa… pero sin nosotros.
Esta idea se vuelve aún más clara cuando hacemos un ejercicio sencillo: imagina que alguien te ofreciera millones de dólares, con una condición irrenunciable —para obtenerlos tendrías que renunciar a amanecer un día más. Casi nadie aceptaría. Porque, en el fondo, sabemos que ninguna riqueza vale más que la experiencia misma de estar vivos, de abrir los ojos una vez más, de sentir el mundo.
Y sin embargo, en la rutina diaria hacemos algo muy parecido a aceptar ese trato. Renunciamos a la plenitud de nuestra salud física y ment...
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