Hay músculos que no notamos… hasta que empiezan a cambiar por completo la expresión del rostro.
Uno de ellos es el depresor del ángulo oral (DAO o depressor anguli or), que al activarse demasiado puede hacer que las comisuras se vean caídas, marcar más la zona de las líneas de marioneta y dar una expresión de tristeza o tensión incluso cuando la persona está en reposo.
Por eso, en pacientes que comienzan a mostrar estos cambios —con frecuencia después de los 35 a 38 años— este se vuelve uno de esos puntos que poco a poco se van “desbloqueando” dentro de un plan de tratamiento bien pensado.
Aplicar toxina botulínica en esta zona, con buena técnica y en pacientes seleccionados, puede ayudar a:
relajar la tracción hacia abajo de la comisura, suavizar la expresión en reposo y prevenir que esa caída se vaya marcando cada vez más con el tiempo.
A veces no se trata de transformar un rostro.
Se trata de evitar que ciertos músculos lo traicionen.
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