No todo el Botox busca “quitar arrugas”.
En maseteros, la toxina botulínica trabaja diferente: no relaja líneas… induce una atrofia controlada del músculo.
¿El resultado?
Un adelgazamiento progresivo del tercio inferior del rostro en los siguientes meses.
Más que cambiar una cara, se trata de refinarla.
Perfilar.
Feminizar de forma sutil y elegante.
La clave no es la cantidad.
Es el diagnóstico, la palpación precisa y la dosis exacta para ese músculo en esa paciente.
En estética, los detalles milimétricos son los que hacen la diferencia.
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