La eutanasia significa, literalmente, el buen morir.
Y sin embargo… nunca ha sido tan difícil definir qué es “bueno” cuando hablamos del final de una vida.
El caso de Noelia ha reabierto una pregunta incómoda:
¿puede el sufrimiento psicológico justificar una decisión irreversible?
La ciencia médica ya no distingue de forma tan clara entre dolor físico y dolor mental. Ambos pueden ser crónicos, incapacitantes, devastadores.
Pero aceptar esto nos obliga a entrar en terreno filosófico.
Por un lado, la autonomía:
la idea de que cada individuo tiene soberanía sobre su propia vida (Mill, 1859).
Por otro, el miedo:
el “pendiente resbaladiza”.
¿Dónde ponemos el límite para proteger a los más vulnerables?
Y entre ambos, casos reales.
En España, en 2024, un 33% de las personas que solicitaron la eutanasia murieron antes de que se resolviera su petición.
El tiempo también decide.
El psicólogo Daniel Kahneman, a los 90 años, tomó otra decisión.
No quería esperar al deterioro.
No quería cruz...
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