Hélène de Rothschild, parte de una de las familias mas poderosas y ricas de la historia, financió la reconstrucción del Castillo de Haar, en Utretch.
Su esposo, el Barón Van Zuylen, lo había heredado en estado de ruinas medievales, pero el dinero de Hélène le dio vida, como símbolo de modernidad y poder.
La arquitectura ha encontrado muchas formas de volverse una manifestación de poder económico, social, religioso, político...y es un medio muy efectivo para hacerlo, pues logra imponer, comunicar, servir, resguardar, permanecer.
Más de 100 años después, el Castillo funciona a la perfección, no solo tecnológicamente...si no respecto a su objetivo primordial de manifestación de poder.
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