Muchas mujeres se culpan pensando que no pierden grasa porque no se esfuerzan lo suficiente. Pero el problema no siempre es falta de disciplina. Muchas veces el cuerpo está funcionando en un contexto de inflamación de bajo grado, y eso puede complicar la sensibilidad a la insulina, la regulación del apetito y el equilibrio metabólico. La literatura describe precisamente esa relación entre inflamación crónica, resistencia a la insulina y desregulación del balance energético.
Por eso a veces no se trata solo de “comer menos”. Cuando duermes mal, vives con más estrés y además tu cuerpo está más inflamado, suelen aparecer más hambre, más antojos, peor control glucémico y más facilidad para acumular grasa abdominal. Incluso una sola noche de privación total de sueño se ha asociado con cambios en hormonas relacionadas con el apetito, como más ghrelina y menos leptina a la mañana siguiente.
Además, el músculo importa mucho más de lo que parece. No es solo tejido que “quema calorías”: hoy se...
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