El Casio T-550 de 1983 demuestra que el “smartwatch” no nació ayer: décadas antes del internet de consumo, ya existía un reloj con pantalla táctil integrada.
Este modelo usaba un digitalizador transparente sobre la esfera (no capacitivo), capaz de traducir trazos y gestos dibujados en el cristal en comandos para calcular, cambiar modos y operar sin botones.
Más que un reloj, fue una apuesta cara y radical por la interacción humano-máquina, anticipando la lógica de los PDAs y los smartphones modernos. Un recordatorio de que muchas “revoluciones” tecnológicas se construyen sobre experimentos olvidados que se adelantaron a su época.
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