facebook pixel
“A veces, las sillas también cojean.” Aquí en Ginebra, frente a la ONU, la famosa Silla Rota nos recuerda lo frágil que es la humanidad cuando los conflictos dejan cicatrices profundas. Una silla sin pata es tan útil como una promesa rota o una justicia que no llega. Esta obra, hecha en nombre de las víctimas de las minas antipersonales, me hace pensar en nuestro querido El Salvador, donde las pandillas han dejado también su huella. Pero hay algo que no debemos permitir: que la historia de esas víctimas caiga en el olvido. La silla en Ginebra ha perdido una pata, pero sigue en pie, desafiante. ¿Será eso lo que nos toca hacer? Mantenernos firmes, a pesar de nuestras ausencias, nuestras heridas. Porque si una silla puede hacerlo, nosotros también. Es hora de recordar que las víctimas de la violencia no son números, ni estadísticas; son historias que merecen justicia, no solo en Suiza, sino también en El Salvador. Tal vez es irónico que sea una silla la que nos enseñe a no quedarnos ...

 97

 2

    Suggested Credits
    Tags, Events, and Projects