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La primera vez que pagué por intimidad tenía 25 años. No lo hice porque fuera un cachondo. Lo hice porque necesitaba sentir que mi masculinidad servía para algo. Eyaculación precoz a los 14 años = identidad masculina destruida. Y durante 30 años, usé el sexo de pago como anestesia. Cada vez que entraba en ese piso, no iba buscando placer. Iba buscando 15 minutos donde no tuviera que sentir el vacío. El problema nunca fue el sexo. El problema era que había un agujero en mi pecho tan grande que podría caber un camión. Y lo peor: cada vez que salía de ahí, el agujero era más grande. Porque la adicción no llena el vacío, lo agranda. Te mientes diciéndote "esta es la última vez". Vuelves a caer en 72 horas. El ciclo se repite. El odio hacia ti mismo crece. Y un día te das cuenta: No estás adicto a las relaciones de pago. Estás adicto a huir de ti mismo. La pregunta real no es "¿cómo dejo esta conducta?" La pregunta real es "¿qué vacío estoy intentando llenar?" Cuando aprendí a mi...

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