Ser reconocida en la lista AD100 de Architectural Digest México y LATAM me hace reflexionar y al mismo tiempo, mirar hacia adelante.
Han pasado más de 20 años desde que comencé a trabajar en paisaje y sigo convencida de lo mismo: el paisaje no es un producto terminado, es un proceso. El paisaje es un sistema vivo, una comunidad en constante evolución y negociaciones con el ser humano.
Mi trayectoria nació de una pregunta sencilla:
¿qué nos revela el paisaje cuando dejamos de imponer y empezamos a escuchar?
Observar cómo se repiten patrones en las comunidades de plantas fue lo que me llevó al diseño naturalista, cuando no se hablaba de él en México.
Hoy ese movimiento ha crecido, y me emociona verlo avanzar hacia propuestas más profundas que incorporan principios de restauración ecológica, manejo adaptativo y construcción de ecosistemas con verdaderas soluciones basadas en naturaleza.
En estos años he trabajado escalas muy distintas: jardines íntimos que dialogan con la arquitectura, e...
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