Creerte más te separa. Creerte menos también te separa.
En ambos casos, el “yo” se vuelve el centro: o para inflarse, o para castigarse.
Aceptar tu grandeza y la del otro es otro lugar:
• ya no compites, reconoces
• ya no te minimizas, te honras
• ya no necesitas probar, simplemente eres
Ahí nace el amor: una mirada limpia donde caben tu luz y la del otro sin amenaza.
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