Tener socios en una empresa no es cualquier cosa. Es como casarte.
Y como en cualquier relación, lo más importante no es el papel… es desde dónde eliges y por qué eliges.
Durante años, la sola idea de volver a tener una sociedad me daba miedo.
Lo digo sin adornos:
📍 Fui demandada y también tuve que demandar.
📍 Cedí mis acciones para poder cerrar una relación personal y profesional que me dolía.
📍 Viví el caos de las empresas familiares mal gestionadas.
Y por todo eso, construir confianza otra vez me costó muchísimo.
Me tomó tiempo —y muchas conversaciones— poder decirle que sí a una sociedad con Ricardo y John (foto 1).
Y más tiempo aún aceptar formar una empresa con mi esposo Gonzalo (foto 2).
Porque el reto no era solo confiar en ellos. Era volver a confiar en mí.
🧩 Aprendí que tener socios no es solo compartir responsabilidades:
Es compartir visión, valores, y una forma de estar en el mundo.
Y que el noviazgo empresarial también existe: hay que conocerse, probar, cuestionar… y l...
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