Así es como las personas convirtieron el pescado en ropa.
Después de comer el pescado, no tiraban la piel.
La limpiaban, la estiraban y la dejaban secar.
Luego la golpeaban para suavizar sus fibras hasta volverla flexible.
El resultado:
un cuero ligero, resistente al agua y naturalmente aislante.
En regiones frías del norte de China, se usaba para hacer abrigos durables.
Lo que hoy llamamos innovación…
ya existía hace siglos.
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