Un día dejé de pelear.
Y eso me dio más miedo que cualquier discusión.
No era paz.
Era cansancio.
Empecé a decir “está bien”…
cuando por dentro no lo estaba.
A pensar:
¿vale la pena decirlo?
¿va a cambiar algo?
Y cuando empiezas a guardarte lo que sientes,
la distancia ya empezó.
Hay una frase peligrosa:
“mejor ya no digo nada.”
Si todavía te duele, todavía importa.
Antes de apagarte, intenta algo pequeño:
“Hay algo que me cuesta decir… pero quiero intentarlo.”
Si esto te pegó, guárdalo.
Y deja un 🪞 si te viste aquí.
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