No me digas “amor”
si no estás dispuesto a sostenerlo
cuando deja de ser cómodo.
No te pido promesas eternas.
No te pido intensidad.
Solo verdad,
para saber si puedo lanzarme contigo
o si necesito cuidarme un poco más.
He amado antes.
Y me caí.
No porque no supiera amar,
sino porque confié
en alguien que no estaba listo
para sostener lo que despertó.
Hoy lo sé con claridad:
no necesito palabras grandes.
Necesito consistencia.
Actos pequeños que no desaparezcan mañana.
Presencia que no se evapore cuando algo incomoda.
Si quieres que me quede,
hazme confiar en ti.
No con discursos.
Con congruencia.
Con cuidado real.
Con la forma en la que eliges quedarte
incluso en los días grises.
No me da miedo amar.
Me da miedo
amar otra vez sin red.
Por eso ya no salto solo por emoción.
Salto cuando me siento seguro/a.
Y la confianza no nace de un “te amo”.
Nace de cien momentos
en los que no te vas.
Eso todavía puede construirse,
si ambos están dispuestos
a hacerlo con honestidad.
Hoy, si...
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