Quizás el éxito no era todo lo que construimos…
sino lo que estamos dejando de vivir.
Cuando sumo todo lo que estoy manejando —tres hijos en distintas etapas (el más pequeño entrando a kinder, Briana con 10 años buscando una actividad extra, Sebas a punto de graduarse y con horas comunitarias por cumplir), la ansiedad por saber qué harán en verano y, encima, la incertidumbre migratoria que golpea a tantas familias— me doy cuenta de que nuestra carga emocional no es menor. Nuestros hijos intentan vivir una vida normal en medio de ese caos y no siempre entienden lo que pasa.
No es casualidad que uno de cada tres padres se declare sometido a un nivel de estrés muy alto y que casi la mitad diga sentirse completamente abrumada la mayoría de los días . Cuando a esa presión se suman factores como el miedo a la deportación o la separación familiar, los menores enfrentan ansiedad, depresión y un sinfín de emociones complejas
Como mamás sabemos que no existe una fórmula mágica. No hay un cr...
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