No, Jesús no fue débil.
No fue blando.
No fue un hombre que sonreía mientras profanaban lo sagrado.
Expulsó a los mercaderes del templo.
Volcó mesas.
Denunció a los hipócritas.
Se enfrentó al poder religioso corrupto sin temblar.
No toleraba la mentira vestida de virtud.
No soportaba la manipulación espiritual.
No callaba ante la injusticia.
Pero entiende esto:
no castigaba por odio… castigaba por verdad.
No actuaba desde el ego… actuaba desde la justicia.
Hoy muchos confunden amor con permisividad.
Confunden paz con cobardía.
Confunden perdón con dejar que te pisoteen.
Jesús enseñó misericordia, sí.
Pero también enseñó que el mal debe ser confrontado.
Amar no es permitir el abuso.
Perdonar no es aceptar la corrupción.
Ser espiritual no es ser sumiso.
Si quieres seguir su ejemplo, hazlo completo:
ten compasión…
pero también carácter.
Ten corazón…
pero también columna vertebral.
Porque la luz no negocia con la oscuridad.
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