2016 no fue bonito.
Me costó trabajo decidirme si debía subir esta publicación porque no pensé que sería compartir cosas tan personales. Pero aquí está. Nunca hay que avergonzarse de lo que fuimos o somos porque todos pasamos por cosas difíciles pero unos se abren más que otros.
Ese año no tenía carro, tenía dos trabajos, estudiaba, vivía con lo justo. Pero tenía algo que nunca se me cayó: las ganas de seguir adelante.
Hoy miro a ese Juan y no siento pena. Siento respeto. Porque no todos empezamos igual, pero los que empezamos desde abajo aprendemos algo poderoso: a no rendirnos cuando nadie está aplaudiendo.
Gracias a ese Juanito que no se dobló, que fue auténtico aunque incomodara, que soñó aun cuando estaba cansado, que resistió cuando todo pesaba.
Ese Juan me enseñó a tener los pies en la tierra y la mirada en el cielo.
Si estás en tu “2016” personal, no te sueltes.
Estás construyendo al guerrero que un día va a mirar atrás y decir: valió cada paso.
La fe mueve montañas 🏔...
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