Lo más importante del cultivo no es lo que agregás después.
Es cómo armás el suelo desde el inicio.
Ahí definís la reserva y disponibilidad de nutrientes para todo el ciclo. Más allá de fertilizantes o bioestimulantes, lo que sostiene el sistema es esa base.
Una buena construcción con materia orgánica, compost y humus permite generar un suelo con capacidad de retener, transformar y entregar nutrientes en el tiempo. Después podés acompañar con enmiendas, pero todo parte de ahí.
Y hay algo clave que muchas veces se pasa por alto:
no todo es sumar, también podés perder lo que ya construiste.
Excesos en el riego o en la bioestimulación pueden aumentar la solubilización de nutrientes y, si el suelo no tiene capacidad de retenerlos, terminan en lixiviación.
Por eso, más que agregar constantemente, el enfoque está en construir un sistema que conserve y administre bien sus recursos.
Si querés aprender a trabajar con el suelo y no contra él, seguinos.
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