42 kilómetros no mienten. 🫀
El domingo crucé la meta del Maratón de Londres en 3 horas 47 minutos. 52 años. Las piernas pesadas desde el km 37. Pero el cuerpo aguantó.
Y mientras corría — en ese silencio raro que solo existe cuando llevas más de tres horas moviéndote — pensé en mis pacientes.
En el que me dijo que nunca volvería a levantar el brazo.
En el que llegó resignado, convencido de que el dolor era su nuevo normal.
En el que tardó meses en creerle a su propio cuerpo otra vez.
Correr un maratón no me hace mejor cirujano.
Pero me recuerda algo que intento transmitir en cada consulta, en cada cirugía, en cada proceso de recuperación:
El cuerpo humano fue diseñado para mucho más de lo que creemos.
No opero para que mis pacientes “estén bien”.
Opero para que vuelvan a moverse. Con fuerza. Con confianza. Sin miedo.
Eso es lo que busco para mí cada vez que salgo a entrenar.
Y es lo que busco para cada persona que pone su hombro, su codo, su vida en mis manos.
Moverse no es el...
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