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Muchas mujeres me dicen algo muy parecido a esto: “Estoy agotada, me duele todo el cuerpo… y no entiendo por qué.” Y muchas veces no es una sola cosa. Es el resultado de semanas, meses o años en los que el cuerpo va acumulando señales que lo inflaman, lo desgastan y lo desregulan. Más picoteo. Menos músculo. Más sedentarismo. Peor digestión. Más inflamación. Fines de semana que desordenan todavía más lo que intentas cuidar entre semana. Y entonces pasa lo que tantas normalizan: te levantas cansada, te duele el cuerpo, estás más hinchada, con menos energía, con menos fuerza y sintiendo que cada vez te cuesta más volver a estar bien. El problema es que solemos mirar el síntoma suelto, pero no el terreno que lo está sosteniendo. Porque un cuerpo con más grasa visceral, menos masa muscular, peor digestión y más inflamación de bajo grado no se siente ligero. Se siente pesado. Molesto. Cansado. Y muchas veces dolorido. Por eso no se trata solo de “aguantar” o de esperar a que se pase....

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