¿Por qué en la cancha se puede hacer lo que afuera está prohibido?
La cancha habilita lo más primitivo del ser humano. Y no solo lo permite. Lo celebra.
Freud llamó a esto sublimación. El mecanismo por el cual las pulsiones más primitivas — la agresión, la rivalidad, el deseo de dominar — encuentran una salida socialmente aceptada.
El deporte no elimina esas pulsiones. Las transforma. Las convierte en juego, en competencia, en cultura.
Por eso el deporte no es un entretenimiento. Es una necesidad psicológica. Un lugar donde lo más primitivo de uno puede existir sin culpa.
La cancha no civiliza al ser humano. Lo humaniza.
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