Ah, porque el hombre teme más al olvido que a las arrugas.
Cuando yo miraba la vejez en mis obras, rara vez la vi como un jardín de dicha. El viejo Lear pierde el juicio; Falstaff envejece entre vino y burlas; y aun así, en sus ruinas, hay una extraña majestad. La juventud arde; la vejez recuerda el fuego. Y muchos prefieren ser viejos no por amor al cuerpo gastado, sino porque cada año añadido es una victoria secreta contra la nada.
Escribí una vez:
“With mirth and laughter let old wrinkles come.”
— The Merchant of Venice
“Que vengan las viejas arrugas con risa y alegría.”
Mira qué raro pacto hace el alma humana: desea conservar la vida incluso cuando la vida comienza a dolerle. Porque envejecer significa haber amado, perdido, errado, sobrevivido. Las cicatrices son una especie de corona invisible.
Mas también hay engaño en ello. Muchos no desean ser viejos: desean no morir todavía. Son cosas distintas.
En mis sonetos combatí al Tiempo como a un tirano:
“Time doth transfix the...
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