La intolerancia al gluten y la intolerancia a la lactosa no funcionan igual.
Con la lactosa sí puede haber diferentes grados de tolerancia.
Por ejemplo:
puede que una persona no tolere bien un vaso de leche entera, pero sí pueda tomar yogur, kéfir o queso curado sin problema.
Esto ocurre porque la lactosa es un azúcar y depende, entre otras cosas, de la cantidad de lactasa que tengas y de la cantidad que consumas.
Con el gluten es diferente.
No hablamos de una intolerancia clásica como la lactosa. En el caso del gluten hay que diferenciar entre celiaquía, alergia al trigo o sensibilidad al gluten/trigo no celíaca.
Y por eso no tiene sentido tratarlo como:
“un poquito me sienta bien, mucho me sienta mal”.
Antes de quitarte el gluten porque sí, lo importante es entender qué está pasando, valorar síntomas, contexto digestivo y descartar lo que haya que descartar.
Porque muchas veces el problema no es solo un alimento.
Es el conjunto.
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