La historia de la cantina lo dice todo.
Dos dueños abrieron un negocio con una idea clara: solo cerveza y botanas. Sin cocina, sin mesas para familias. Solo eso - y estaban bien con eso.
Un día un cliente sugirió que vendieran comida. Lo hicieron. Luego llegaron más clientes, pero diferentes. Luego familias. Luego bebés. Y un día, en su cantina, había periqueras.
“No supimos en qué momento se desvió todo.”
Eso pasa cuando el concepto no está definido. El mercado empieza a decidir por ti - y poco a poco te vas alejando del negocio que quisiste construir.
Un concepto no es la decoración ni el nombre. Es la respuesta a tres preguntas: ¿para quién es este espacio, qué experiencia va a vivir y cómo lo vas a lograr?
Cuando tienes eso claro, cada decisión tiene criterio. Sabes qué entra al menú y qué no. A quién le dices que sí y a quién le dices que no.
Tener algo claro es decirle que no a otras cosas. Y eso, aunque suene contraintuitivo, es lo que hace crecer un negocio.
En el carrus...
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