A veces pasamos años cargando pesos que ni siquiera nos pertenecen. Ideas que aprendimos de pequeños, heridas que nunca entendimos, palabras que alguien dijo una vez y que terminamos convirtiendo en verdad. Y sin darnos cuenta, empezamos a caminar por la vida creyendo que tenemos que ser más fuertes, más perfectos, más correctos… para merecer amor, paz o felicidad.
Con el tiempo entendí que lo más pesado no siempre son los problemas… muchas veces son las creencias con las que aprendimos a mirarnos. Esa voz que te exige demasiado, que te hace sentir insuficiente, que te dice que descansar está mal, que cambiar es fallar, que sentirte perdida significa que estás haciendo algo mal.
Y uno se acostumbra tanto al peso… que deja de cuestionarlo. Aprende a sobrevivir cargando piedras en el alma como si fueran parte natural de uno mismo.
Pero llega un momento en el que te cansas. No de la vida… sino de la manera en la que la estabas viviendo. Y ahí entendí algo que me cambió profundamente: s...
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