Muchas mujeres piensan que la inflamación aparece “de la nada”.
Pero casi nunca pasa así.
Normalmente se va construyendo con hábitos que el cuerpo sostiene durante semanas, meses o años:
más ultraprocesado,
más estrés,
peor sueño,
más sedentarismo,
más tóxicos
y un intestino cada vez más alterado.
Y entonces empiezan a aparecer las señales:
más hinchazón,
más cansancio,
más barriga,
más dificultad para perder peso,
más ansiedad con la comida
y la sensación de que tu cuerpo ya no responde igual.
El problema es que muchas veces se intenta atacar solo el síntoma:
la hinchazón,
el peso,
la retención,
el cansancio…
Pero no se mira el terreno que lo está alimentando.
Porque un cuerpo con peor descanso, más estrés, menos movimiento y una microbiota alterada no funciona igual.
Se inflama más.
Regula peor el apetito.
Gestiona peor la glucosa.
Y suele vivir en un estado de más alerta y menos equilibrio.
La buena noticia es que igual que esos hábitos construyen inflamación,
otros pueden a...
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