Perder dinero duele.
Perder 160 millones de pesos debería destruir a cualquiera.
Pero la verdadera lección de Nayo Escobar no está en cuánto perdió, sino en cómo pensó cuando lo perdió. Cuando muchos se habrían quedado atrapados en el enojo, la culpa o el papel de víctima, él entendió algo que pocos empresarios comprenden: el dinero puede desaparecer, pero la capacidad de volver a crearlo permanece.
La diferencia entre un empresario quebrado y un empresario derrotado no está en la cuenta bancaria. Está en la mente.
Si tu paz depende de tus resultados, cada crisis te destruirá. Si tu identidad depende de tu patrimonio, cada pérdida te hará sentir menos valioso.
La ecuanimidad no es no sufrir. Es sufrir sin perder la dirección.
Muchos dueños construyen empresas. Pocos construyen el carácter necesario para levantarse cuando la vida les cobra factura.
La pregunta no es qué harías si ganaras 160 millones. La pregunta es quién serías si los perdieras mañana.
Vas conmigo o te quedas....
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