Una chica derritió chocolate para un cantante que acababa de morir quemado en un accidente. Internet la está crucificando.
Y casi nadie se ha dado cuenta de lo viejo que es lo que ha hecho.
El reproche es siempre el mismo: “lucrarse con la muerte”. Suena a línea roja evidente. Pero el duelo y el dinero llevan juntos desde que existe el duelo. Plañideras a sueldo en Roma. La industria del embalsamamiento egipcio. El pan de muerto que se vende cada noviembre. Llorar a los muertos nunca fue gratis ni puro.
Lo que nos incomoda no es el dinero. Es que ella no tiene “permiso” para mediar la muerte —ese permiso lo dábamos al sacerdote, al gremio, a la discográfica.
Porque cuando muere un músico, su sello reedita el catálogo y saca las tomas inéditas. Cuando muere un escritor, salen las obras completas que pidió quemar. Tenemos El proceso porque Max Brod traicionó a Kafka. Es exactamente lo mismo que el chocolate: alguien transforma la muerte de otro en un objeto que se vende. Solo cambia ...
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