Insistir en lo que ya no funciona no es compromiso; es una trampa mental.
Se llama “La Falacia del Costo Hundido” y nos pasa a todas: nos cuesta dejar ir un proyecto solo por lo que nos dolió construirlo. Como profesionales, la presión por la “perfección” nos hace procesar el cambio de rumbo como un fallo, cuando en realidad es un ajuste estratégico basado en la experiencia.
Mover la meta no es perder; es afinar la puntería con más madurez y mejores herramientas.
Cuéntame: ¿Has mantenido alguna estrategia solo por el tiempo que ya le habías dedicado?
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