Blockbuster tenía 9,000 tiendas, millones de clientes y una marca que parecía invencible.
En el año 2000, pudo comprar Netflix por $50 millones.
Se rió de la propuesta.
Diez años después, Blockbuster se declaró en bancarrota.
No perdió únicamente frente a un competidor. Perdió porque ignoró lo que sus clientes ya
estaban pidiendo: menos fricción, más comodidad y una nueva forma de consumir
entretenimiento.
Las empresas rara vez caen de un día para otro. Primero dejan de escuchar. Después se
aferran a lo que antes funcionaba. Finalmente, confunden liderazgo con invulnerabilidad.
Pregúntate hoy:
» ¿Qué está cambiando en mi industria que estoy ignorando?
» ¿Qué fricción odian mis clientes y todavía no arreglo?
» ¿Qué haría alguien que comenzara este negocio desde cero?
Ningún imperio cae solamente por la competencia.
Cae cuando la comodidad reemplaza a la curiosidad.
Guarda este carrusel y compártelo con alguien que dirige un negocio.
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