Los habitantes de barrios pobres en Perú, como el asentamiento que lleva el nombre de la presidenta electa Keiko Fujimori, esperan que cumpla sus promesas de seguridad y desarrollo. Fujimori asumirá el mando el 28 de julio, tras vencer al izquierdista Roberto Sánchez en una elección marcada por la polarización.
La creciente inseguridad, impulsada por bandas criminales, es una de las principales preocupaciones de la población. Roxana Quispe, una panadera de 42 años, confía en que la nueva presidenta detenga la delincuencia, que ha aumentado significativamente en los últimos años.
Las estadísticas son alarmantes: los homicidios en Perú aumentaron de 1,000 en 2018 a 2,600 en 2025, mientras que las denuncias por extorsión se dispararon de 3,200 a 26,500.
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