No siempre dejamos de hablar porque se acabó el amor.
Muchas veces dejamos de hablar porque la última vez que lo intentamos terminó en una discusión, en un silencio incómodo o con la sensación de que ninguno se sintió comprendido.
Y cuando eso pasa varias veces, el cerebro hace algo para protegernos: empieza a decirnos que es mejor callar.
El problema es que el silencio nunca se queda vacío.
Lo llenamos con interpretaciones, miedos y conclusiones que casi nunca comprobamos.
En terapia de pareja veo una y otra vez que los conflictos de pareja no siempre nacen por falta de amor.
Con frecuencia nacen porque dejamos de preguntar y empezamos a asumir.
Porque es más fácil imaginar lo que el otro piensa... que atrevernos a preguntarlo.
Y ahí la conexión emocional empieza a desgastarse.
🤍 La buena noticia es que la comunicación en pareja también puede aprenderse.
Así como aprendimos formas de protegernos, también podemos aprender nuevas formas de escucharnos, reparar y volver a sent...
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