Hay fotos que, con el paso del tiempo, dejan de ser solo fotografías.
Se convierten en recuerdos que abrazan y, al mismo tiempo, rompen el alma.
En esta imagen aparecen cuatro niños. Cuatro amigos. Cuatro sonrisas que solo pensaban en jugar, correr y soñar.
El niño del jersey amarillo es mi hijo.
El pequeño que está a su lado... hoy ya no está.
Con solo 21 años decidió marcharse, dejando un vacío imposible de explicar.
Miro esta fotografía y no puedo dejar de preguntarme en qué momento aquella sonrisa empezó a esconder un dolor que nadie alcanzó a ver.
Ningún padre imagina que un día tendrá que despedir a un hijo. Ningún amigo piensa que una tarde cualquiera será la última. Y, sin embargo, el sufrimiento emocional muchas veces no hace ruido. Se esconde detrás de una sonrisa, de un "estoy bien", de una rutina que parece normal.
Hoy no comparto esta foto para despertar tristeza.
La comparto porque quiero que nos recuerde algo.
Abracemos más.
Escuchemos de verdad.
Preguntemos una seg...
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