Hay algo curioso de la piel: muchas veces no se daña de un solo golpe, sino por pequeños cambios que van ocurriendo durante el día.
El calor, el viento, el polvo y la baja humedad no solo aumentan la exposición al sol; también alteran la barrera cutánea, favoreciendo la pérdida de agua y haciendo que la piel sea más vulnerable a la irritación y al daño ambiental. Por eso, cuidar la piel no empieza cuando aparece una quemadura, empieza mucho antes.
Cuando pensamos en protección solar solemos enfocarnos en el SPF, pero la realidad es que una piel bien hidratada también responde mejor a las agresiones del ambiente. Mantener una barrera cutánea sana no reemplaza al protector solar, pero sí trabaja de la mano con él para que la piel tolere mejor condiciones extremas como las que he vivido estos días en África.
A veces, proteger la piel no es hacer más cosas, sino entender que hidratar y proteger son dos partes de la misma estrategia.
#Drduck
Referencias:
• American Academy of Dermatolo...