Muchas veces ponemos toda la atención en un alimento:
“El gluten me inflama.”
“Los lácteos me sientan mal.”
“Las legumbres me hinchan.”
Y sí, puede haber intolerancias, alergias, celiaquía o problemas digestivos que necesiten una adaptación individual.
Pero estos alimentos no son inflamatorios para todo el mundo.
Antes de eliminarlos sin criterio, conviene observar el contexto completo:
Cuánto te mueves.
Cómo es tu alimentación durante la semana.
Cuántas frutas y verduras incluyes.
Cómo duermes.
Cuánto estrés soportas.
Y cómo está tu composición corporal.
Porque reducir la inflamación no consiste únicamente en quitar alimentos.
También consiste en mejorar las bases:
Más movimiento.
Entrenamiento de fuerza.
Una alimentación variada y rica en vegetales.
Mejor descanso.
Menos sedentarismo.
Y una estrategia adaptada a tu situación digestiva.
Eliminar alimentos puede aliviar síntomas en algunos casos, pero hacerlo sin saber el motivo también puede limitar tu alimentación y aumentar...
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